Revivir es recordar
Vívelo,
siéntelo y disfrútalo: La Riviera Maya
Alma
y Clara siempre quisieron emprender un viaje al Caribe. Sin embargo, eran
muchas las opciones y no se decidían por cual optar. Un buen día Alma se
encontró con un artículo acerca de La Riviera Maya y en ese momento supo que
tenía que compartirlo con Clara. Aprovecharon que las dos eran solteras y
jóvenes y decidieron emprender una aventura de dos semanas a lo largo de esta
ruta. Salieron desde Madrid y llegaron a Cancún. De ahí rentaron un coche para
recorrer la Riviera Maya y toda su belleza.
Su
primer parada fue Tulum, que para su sorpresa era un paraíso que dividía la
playa con la selva. Se quedaron 4 días en aquel paradisiaco destino. La arena
era como talco y el mar tan transparente que podían ver los peces al acercarse
a la orilla del mar. Cada mañana después de desayunar iban directo a aquel mar
lleno de vida marina y se sumergían en este. Cada vez que Alma veía un pez
exótico, un pulpo o una mantarraya, le avisaba a Clara para que pudiera ver lo
mismo. Las dos chicas estaban extasiadas por la belleza de ese océano. El
último día lo guardaron para ir a las ruinas de Tulum.
Cuando
llegaron quedaron estupefactas de ver como estas ruinas estaban en primera fila
del mar, ruinas y mar, jamás pensaron en ver algo tan contrastante y bello. Era
un día especialmente soleado y decidieron quedarse en la playa justo por debajo
de las ruinas y nadar un poco. Conforme avanzaba el día podían observar como la
marea iba subiendo sigilosa, casi pasaba desapercibida por tanta majestuosidad.
Al caer la tarde y ya con la marea en sus pies, decidieron retirarse y pasar su
última noche en Tulum con una buena cena y una copa de vino en mano. El hotel
donde se hospedaban se llamaba Piedra Sagrada, y les recordó a las ruinas de Tulum.
Cenaron en el hotel y contemplaron la mágica noche que tenía para ellas un
cielo estrellado y una luna llena brillante.
Al
siguiente día emprendieron su visita a Playa del Carmen, un pueblo con unas
playas no menos hermosas que las de Tulum, pero si con una vida nocturna mucho
más activa. En este lugar decidieron soltar rienda e ir a bailar por las
noches. En la segunda noche dos chicos se les acercaron para bailar y ellas
aceptaron. La música era una mezcla entre sonidos latinos y electrónicos que animaban
más la noche. Los chicos no las soltaban y ellas la estaban pasando tan bien
que decidieron quedarse hasta el amanecer con ellos.
Cuando
volvieron a la habitación del hotel estaban exhaustas, durmieron hasta medio
día y cuando despertaron decidieron ir a tomar un brunch. El menú era
exquisito: mimosas, huevos en todas sus presentaciones, ahumados, panes de todo
tipo para acompañar, pescados de diferentes variedades, mariscos y postres por
doquier.
Pasados
4 días siguieron su viaje por los cenotes "Dos Ojos". Para sumergirse
en estos se vistieron con trajes de neopreno. El agua dulce de los cenotes fue
algo nuevo en su viaje pues toda su estancia habían nadado en mar, así que la
sensación fue muy grata y podían tragar agua sin mayor problema. Clara vio unos
murciélagos al fondo de los cenotes y avisó a Alma. Eran muchos y todos estaban
ubicados en el mismo sitio. Les dio un poco de miedo que alguno las fuera a
morder así que se dirigieron hacia la superficie.
La
superficie estaba resguardada por un techo fósil, y desde esta podían ver como
llegaban las golondrinas a descansar un rato para luego seguir su rumbo. Esto
les pareció maravilloso. Tomaron varias fotografías con su cámara contra-agua y
siguieron observando el ir y venir de las golondrinas por un buen rato.
Después
de los cenotes su siguiente parada fue Cozumel, una isla llena de peces
exóticos en donde la mayor atracción era el buceo y el snorkeling. Como ellas
no tenían el entrenamiento de buceo, optaron por contratar el paquete de
snorkeling para ver arrecifes y más peces de diferentes especies. Sintieron la
textura del coral, vieron a los peces más extraños y hermosos que nunca
imaginaron y disfrutaron de la compañía de ambas.
Su
siguiente parada fue en Isla Mujeres, en donde las tortugas gigantes y los
deportes acuáticos la sumergieron en un mundo divertido y lleno de actividades
nuevas, entre ellas el surfing. No sabían que difícil era surfear pero aún así
se divirtieron intentándolo.
El
siguiente sitio al que se aventuraron fue a las ruina Cobá. Aquí pasaron el día
y se tomaron fotografías juntas desde todos los puntos de las ruinas, se
divirtieron posando con caras locas y posturas dignas de Facebook y e
Instagram.
Los
últimos días de su estancia en la Riviera Maya lo pasaron en Cancún. Como
estaban un tanto cansadas por todo el ajetreo de los días anteriores decidieron
ir a un hotel all inclusive para
relajarse y no pensar en nada más que en sol, arena y mar...
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